POR ESO ES MI ARQUITECTO
Dr. Daniel Enrique Butlow (*)
Examina
todas las cosas con tu amigo,
pero ante todo examínale a él.
Después de la amistad, todo se debe creer; antes todo debe
deliberarse.
Gentes hay que, invirtiendo el orden y en contra de los preceptos,
examinan después de amar, y cesan de amar cuando han examinado...
Séneca
El timbre
ha sonado media hora después de lo previsto. Sin duda es
él. Me he dado cuenta porque siempre llega una hora tarde
y esta vez prometió ser puntual.
Nos saludamos. Me distraen sus canas que no advertí en
la primera, en la segunda..., ni siquiera en la tercer encomienda
y que ahora lo hacen suponer más experimentado, más
seguro, tal vez mejor arquitecto.
Tengo poco
tiempo. El también, y como ambos lo sabemos, tratamos de
ir al grano...
El plano de la remodelación no pudo traerlo. El presupuesto
es aproximado. La bajada de techos quiere seguirla estudiando
y la iluminación necesita otro tipo de solución,
que aún no se le ocurrió.
No me
sorprendo y acepto su inveterada costumbre de dibujar croquis
en las paredes
de las nuevas salas que son motivo de la ampliación.
Escucho atentamente
sin tratar de disimular mi satisfacción por sus soluciones.
Años de experiencia y convivencia con sus obreros y contratistas,
me han enseñado que finalmente tiene razón, o mejor
dicho razón acompañada de talento, que deberé
pagar con la dura moneda de la paciencia en la entrega de la obra.
Acepto el
proyecto que no vi y pasamos al presupuesto que sí veo,
pero que es aproximado. Está hecho de forma alternativa
de tal manera que yo, que nada sé de arquitectura, pueda
optar entre variantes de las que sólo puedo diferenciar
el precio.
Opto,
como siempre, por la variante que él decida aconsejable
porque sé que el desarrollo de la obra, sumado a su buena
fe y experiencia lo irán decidiendo.
Naturalmente
aportaré mis gustos personales, la crisis que padezca durante
la obra y el resultado de las presiones sociales que en ese momento
me importen, pero sé que tampoco él se asombrará
de esas cosas.
Nos saludamos.
Una vez más hemos firmado verbalmente nuestro compromiso
de respetarnos y de confiar el uno en el otro, más allá
de lo pudieran decir los papeles.
Ya se fue. Advierto que ni siquiera hemos tenido tiempo de tomar
el café que nos sirvieron y trato de relajarme mientras
pienso si no me he apresurado en la decisión.
Tomo un papel.
Intentaré escribir las razones por las que me he comportado,
fuera de mi libreto habitual, todo lo contrario de lo que haría
un prudente abogado.
El lápiz
se traba, parece más pesado que de costumbre. Se niega
a escribir que conozco a este arquitecto desde hace quince años;
que nunca se ha dejado impresionar porque yo goce de la amistad
y el asesoramiento de las glorias arquitectónicas del momento;
que jamás he necesitado de ningún papel para reclamar
lo que por derecho, por moral o por justicia me corresponde; que
ha estado junto a mí y a mis obras cuantas veces lo he
necesitado sin recordar siquiera cuántos años habían
pasado desde que me entregara su trabajo, y que hay algo intangible
que lo hace mejor que nadie... mi confianza.
Ahora el lápiz
se ha vuelto más ágil y en el papel blanco acierto
a escribir sólo dos palabras... por eso.
Minutos más tarde completo la frase que ahora dice por
eso, es mi arquitecto.
Dedicado
al Arquitecto Raúl Usandivaras.
(*) Abogado especializado en Arquitectura e Ingeniería
Legal. Socio Titular de Butlow & Bustos.